Críticas y textos

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Cristina Cassy es una pintora que posee el impulso más auténtico y profundo del artista, que es el del saber que ningún aspecto de la creación del arte, ya sea estilo, corriente, escuela o tendencia puede darse por concluido nunca y particularmente en la pintura; esto es una verdad muy afortunada. Ella lo demuestra intentando nuevas imágenes con un pincel que con audacia innovadora busca recrear pasajes y tianguis, que combinan la transparencia luminosa de la atmósfera provinciana del mediodía, con los difusos atardeceres de los impresionistas franceses.

Cristina Cassy invade la visión humana con un efecto nebuloso, de un resplandor de halo, ce cúmulo estelar, con una técnica original, que transmite la sensación de leve hipnosis, de un dormir consciente donde las imágenes nunca son desagradables, como un sueño que pudiera ser dominado y soñar lo que se quiere y de la mejor forma. De esta manera, sus doncellas dormidas parece que se soñaran a sí mismas en medio de una luz tenue y difusa de sol filtrado en el entrecerrar de los ojos de un sueño matinal. La pintura de la maestra Cassy no busca deslumbrarnos, sino aún mejor, llenar nuestras miradas de luz, invadirnos de un esplendor que satura sus cuadros como si lo viéramos con las pupilas anegadas de la placidez que surge de sus enfoques difuminados. Sus tonos pastel bien definidos, surgen en sus paisajes sin perder la fuerza del rosa mexicano, o el naranja zempasúchil. Todas estas características dan a la obra de la maestra Cassy un estilo muy especial dentro de los aportes a la estilística de la plástica mexicana actual.

Por DIÓDORO GUERRA RODRÍGUEZ, Director General del Instituto Politécnico Nacional

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La bolsa de la Amacho (así llamamos a Cristina todos los miembros de su familia), contiene todo lo imaginable, prodigio que se repite, mil y una veces más, entre las ricahembras, las clasemedianeras y las de menor jerarquía. Su interpretación cibernética es fácil; todas ellas carecen de algo obvio para los hijosdalgo o mamelucos: escarcelas y bolsillos se combinan en sus dobles prendas de vestir. En el caso de la Amacho, en su bolsa se juntan llaves, lápiz labial, pañuelo perfumado, cartera, monedas sueltas para los limpiacristales, invitaciones a las cuales no participará por falta de tiempo, credenciales, fichas, papeles, papelitos y papeletas, bolígrafos para formar un manualito de apuntes para rápidos croquis, con uno de tres lápices amarillos siempre accesibles.

He visto salir a la bolsa de la Amacho apuntes hechos en pocos segundos, que revelan su maestría en el diseño. Caras femeninas y personajes: no falta el Quijote en varias posturas.

Mientras habla por teléfono, dibuja en cualquier espacio blanco que está al alcance de la mano. La he visto aprovechar instantes en el curso del día, mientras escucha interlocutores lentos e insustanciales, para enriquecer su agenda. Si no hay otro papel a la vista, usa el marco blanco del periódico. La pintora así no pierde su tiempo; entre los apuntes escoge los de más carácter, que añadirán vida a sus cuadros.

Mexicana de nacimiento, pinta tianguis de mano maestra: puede afirmar que los vive. En los retratos interviene un poder de captar aspectos ocultos, buenos o malos, del subconsciente, o sea desconocidos al propio sujeto. Nunca logrará revelarlos el buen pintor desprovisto de este don, ni el mejor de los fotógrafos.

Su mirada es penetrante como si tuviera rayos X. Ella ve lo que pasa desapercibido a los demás, lo que no le sirve sólo en su mundo de paleta y pinceles, sino agudiza su percepción en las relaciones humanas, Cuando está “en vena” de pintar, entra en una especie de trance que conocen los compositores de música los poetas e incluso ciertos escritores.

Por GUTIERRE TIBÓN, 1996

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Inevitablemente pienso en Cristina Cassy (tan gentil criatura, tan sensible y auténtica pintora, tan vocacional, tan profesional y responsable) cuando rememoro los poemas pictóricos de Alberti. Nadie mejor que Cristina para saber por experiencia propia, en toda su escueta realidad, cuánta verdad hay en los versos del poeta gaditano. Cristina Cassy se ha ganado a pulso el derecho a decirle al pincel: “Tu vida es tallo que sin tierra crece”, y al color: “Los posibles en ti nunca se acaban”. Cristina Cassy o a la vocación y a la sensibilidad hechas pintura.

Por LUIS DE CASTRESANA, Premio Nacional de Literatura, Bilbao, ESPAÑA, 1982

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Cassy hace algo similar, pero diferente por ser otras sus pretensiones. La luz fue plasmada. Ella se encarga de convertirla, transfigurarla, paralizarla en un solo término con las ideas de soledad, tristeza, melancolía, recuerdos y reminiscencias conjuntadas con dejo de lo que el romanticismo devino para la historia del arte y la estética. La sombra magnífica de las academias. Cristina Cassy es una artista romántica y académica de la actualidad y de lo contemporáneo. Aunque estos términos le choquen a muchos, de la vanguardia, siempre obsoleta. ¿Acaso los hiperrealistas del momento no contienen en sus creaciones, casi fotográficas, inmensa cantidad de elementos del romanticismo decimonónico?

Por ALFONSO DE NEUVILLATE

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Llega con sus pinceles, colores, paleta, la tela preparada. Mira al modelo largamente, hasta penetrarlo en su último secreto y en su más recóndito enigma. Y cuando lo ha reducido a lo que es y no puede dejar de ser y lo tiene en un puño, lo fija desde el primer golpe de pincel sobre el lienzo. El pincel remata en una llama que, primero en la cabeza y luego en el corazón, llegó a la mano de Cristina Cassy. Fuego frío, flamante luz, brasa de que pintora y pintura salieron vencedoras y purificadas. Fuego frío, llama fría, brasa que no quema: ardiente ceniza, Cristina Cassy cuando el cuadro, el retrato queda terminado: pintar en un minuto eterno.

Por ANDRÉS HENESTROSA

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Ahí justamente ahí, se encuentra lo que Cristina Cassy pinta… Por ahí, por ahí va Cristina: voladora imaginación, método, buen pincel… Cristina no imita a nadie. Ni a su admirado Sorolla, ni a su maestro Bardasano, ni a la pintura francesa de fines de siglo pasado. Cristina pinta desde el ámbito de su trinidad, de la que sólo ella conoce mejor que nadie, ya que es la suya y de nadie más. Desde su secreto. Y el secreto es secreto porque no se puede revelar.

Por SANTIAGO GENOVÉS

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Visitar una exposición de pinturas de Cassy Tibón es un acto de culto que el espectador rinde al don de creatividad del que la pintora hace gala en cuanto emprende. Cuando se habla de su obra, se remonta el nombre de Cristina al de sus maestros y al sol mediterráneo del que deriva lo mejor de su paleta, datos que a estas alturas de plenitud ofrecen un interés meramente biográfico.

La pintura de Cristina ha alcanzado un estadio de seguridad, vigor y estilo que rechaza el encasillamiento en una escuela, el obligado punto de partida.

Por FRANCISCO J. CABRERA

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Cristina Cassy Tibón, nacida en la ciudad de México, nos presenta en el Club de Industriales, una muestra de su más reciente creación, en la que plasma en sus lienzos el esplendor y colorido del tianguis mexicano, destacando la figura humana como elemento principal enmarcada todavía cotidiana vida de hombres y mujeres de distintas culturas del México rural, destacando la esencia de sus figuras como una especie de homenaje personal a esas sociedades de las que se enamoraron propios y extraños. Cristina, también incurre en el bodegón, paisaje e interiores, hasta llegar al retrato, captando y plasmando de manera prodigiosa la personalidad y espíritu de sus modelos. Cristina, impresionista, luminosa y gran figura del pincel desde muy pequeña se entregó a las artes plásticas, teniendo como maestros a Dolores Diez de Sollano, en una primera etapa, y al maestro José Bardasano, quien determinó su trayectoria profesional. Ha expuesto en galerías y museos nacionales e internacionales y ha recibido innumerables premios y reconocimientos.

Por JOSÉ CARRAL ESCALANTE